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Buenos días a todo el mundo. La historia de la guerra en Irán ha sido la historia de un presidente estadounidense errático. Una conflagración regional. Una crisis energética planetaria. Un mundo en desorden. Pero también es la historia del pueblo iraní, gran parte del cual se siente atrapado: entre sus propios dirigentes, que, según Amnistía Internacional, mataron a miles de manifestantes en enero, y Donald Trump, que pasó de prometer que “la ayuda está en camino” a bombardear Irán y devolverlo “a la Edad de Piedra”. En esta edición, mi colega Parin Behrooz, quien creció en Irán y ha ayudado a cubrir la guerra, escribe sobre los iraníes que la han vivido. También:
Las personas al centro de la guerraPor Parin Behrooz Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque el 28 de febrero, algunos iraníes sintieron algo parecido a la esperanza. El líder supremo de Irán, Alí Jameneí, fue asesinado en las primeras horas. Después, siguieron las muertes de altos mandos militares. Para algunos de los millones de opositores a la república islámica, la guerra parecía una salida posible de un sistema represivo y bien afianzado. Cuando circuló la noticia de la muerte de Jameneí, una gran cantidad de gente salió a las calles de Teherán y otras ciudades para celebrarlo. También hubo personas que lo vivieron como un duelo, por supuesto. Pero el gobierno es impopular de manera generalizada, y muchos de quienes veían las celebraciones desde ventanas y balcones se unieron al cántico de “libertad, libertad”. “Quizá el régimen se derrumbe”, escribió Yassi, una empresaria de Teherán que llevó un diario al inicio de la guerra. “No quiero decir que crea que la guerra traerá libertad: no soy tan ingenua. Pero quizás, solo quizás, el régimen caiga”. No fue así. En lugar de eso, por seis semanas, los ataques estadounidense-israelíes dañaron escuelas, hospitales, puentes, líneas ferroviarias, yacimientos petrolíferos, farmacias, plantas siderúrgicas y centrales eléctricas. Al comienzo de la guerra, un misil impactó una escuela primaria en Minab, lo que ocasionó la muerte de 175 personas, la mayoría niñas. Los ataques alcanzaron también a la Universidad Tecnológica Sharif, una de las instituciones académicas más prestigiosas del país. El palacio de Golestán en Teherán, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, sufrió daños. El número de personas muertas aumentó, los daños a las infraestructuras civiles se acumularon y, con ello, llegó la comprensión de que esta guerra no iba a ser el fin de la república islámica y duraría más que las esperanzas de quienes habían creído, por un momento, que podría serlo. El frágil alto al fuego ha sido un alivio. Pero la esperanza parece más lejana que antes.
Oscuridad digital Para entender lo que han vivido los iraníes en estas últimas seis semanas ha sido necesario sortear el apagón informativo impuesto por el Estado. Aproximadamente el 99 por ciento del país ha estado sin internet desde los primeros días de la guerra. Las llamadas internacionales entrantes están bloqueadas. Mis colegas y yo dependemos de breves ventanas de conectividad para hablar con nuestros contactos, quienes utilizan conexiones VPN poco fiables para comunicarse con nosotros. Muchas de las personas que hemos contactado después del anuncio del alto al fuego del martes tenían el mismo miedo: el colapso económico. “Me preocupa que la situación económica y cultural de la sociedad se vuelva peor que antes”, dijo a mis colegas Mohammad, residente de Teherán. Todos ellos pidieron ser identificados solo por su nombre de pila o no ser identificados en absoluto, por temor a represalias del gobierno. A otros les preocupaba que, si los problemas económicos, que impulsaron muchos de los recientes levantamientos, volvieran a agudizarse, el margen para la protesta pudiera reducirse aún más. A la sombra de la guerra, el gobierno ha llevado a cabo ejecuciones de personas detenidas en enero, entre ellas una de 19 años. Un destacado abogado de derechos humanos fue detenido la semana pasada. Los cánticos sobre la libertad han sido sustituidos estos días por otros sonidos. Muchos iraníes nos contaron que su banda sonora la mayoría de las noches durante la guerra consistía en explosiones, y en reuniones callejeras periódicas e informales a favor del régimen en Teherán y otros lugares, donde los partidarios del gobierno ondeaban banderas, emitían cánticos religiosos por los altavoces y gritaban consignas como “Dios es grande, Jameneí es el líder”.
Cansancio e impotencia Que la guerra comenzara con una incitación explícita de Estados Unidos a que los iraníes se sublevaran y terminara con amenazas de bombardear el país hasta devolverlo a “la Edad de Piedra” no ha pasado desapercibido para quienes la han vivido. “Siento como si no tuviéramos el control de nuestras vidas”, escribió Yassi en su diario, “y ninguno de los actores de esta guerra, ni Estados Unidos, ni Israel, ni desde luego el régimen iraní, se preocupa por el pueblo iraní”. Para los iraníes que se oponen al gobierno, el sentimiento dominante desde el anuncio del alto al fuego no ha sido de alivio, sino de impotencia: el agotamiento de un pueblo al que se prometió transformación y recibió muerte, destrucción y aún más incertidumbre. “La esperanza de que este régimen saliera ya no existe”, dijo Yassi la semana pasada. Un hombre de unos 20 años que vive en Teherán y que en su día creyó en la intervención militar, pero perdió la esperanza cuando sintió que se le iba de las manos, dijo a mis colegas que pensaba aprovechar la estabilidad que pudiera aportar el alto al fuego para averiguar cómo abandonar el país. Cuando lo haga, añadió, no mirará atrás. Esto es lo más reciente sobre la guerra:
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Golf: El Masters dio inicio con el actual campeón, Rory McIlroy, en el campo. Te informamos en directo. Béisbol: Los Blue Jays de Toronto se quejaron con los árbitros por el tiempo que Shohei Ohtani tardó en prepararse para lanzar. EL NÚMERO DEL DÍA
43Ese es el número de tazas de café disponibles a bordo de la nave espacial de la misión Artemis II, que ahora regresa a toda velocidad a la Tierra tras un viaje alrededor de la Luna. ¿Qué más hay en el menú? Granola con arándanos, falda de ternera y macarrones con queso, entre otras cosas. Algunas de las comidas tienen que rehidratarse antes de comerlas. Aquí puedes leer sobre cómo se planeó el menú lunar, en español. LA LECTURA MATUTINA
Muchos médicos consideran que los pacientes que están en coma o en estado vegetativo son incapaces de pensar o sentir, incluido el dolor. Pero una nueva investigación demuestra que podría no ser tan sencillo. Casi uno de cada cuatro pacientes vegetativos podría, de hecho, estar “consciente de forma encubierta”, según un estudio. Aunque los cerebros de los pacientes estaban gravemente dañados, se iluminaban igual que los sanos en los escáneres cuando los pacientes se imaginaban blandiendo una raqueta de tenis. Lee el reportaje completo aquí, en inglés. ALREDEDOR DEL MUNDO
Mi año en un grupo de WhatsApp de literatura erótica nigerianaPor Ruth Maclean Por un año observé en silencio —y con permiso— un grupo de WhatsApp en el que una conocida escritora de literatura erótica del norte de Nigeria publicaba avances de sus libros y charlaba con sus lectoras. Lo recomiendo como una ventana a las vidas de mujeres que, de otro modo, probablemente nunca hablarían con tanta franqueza. Me uní porque me interesaba el modelo de negocio que habían creado escritoras como Oum Hairan, la administradora del grupo, y cómo, mediante barreras de pago y grupos privados, eludían la censura islámica y gubernamental en una parte muy conservadora del mundo. Pero lo que al final me pareció más cautivador fueron las conversaciones que grupos como este fomentan entre cientos de lectoras devotas. A veces la charla era estridente. Hubo un sinfín de bromas sobre un libro titulado El rey ninfómano, que cuenta la historia de un monarca cuya aflicción sexual lo obliga a citarse con al menos cinco mujeres cada noche, durante más de dos horas cada una. Las lectoras se ofrecieron de inmediato a ayudar. A menudo, parecía una conversación entre hermanas que se ofrecían consejos sobre salud y sexo y sobre cómo lidiar con los problemas matrimoniales, la poligamia y el patriarcado. Cuando las mujeres se quejaban de maridos que, digamos, dirigían sus atenciones a una segunda esposa, las lectoras les aconsejaban que ignoraran a los maridos, creyeran en sí mismas y se enfocaran en ganar dinero. “En cuanto un hombre se da cuenta de que solo buscas su atención y su amor, estás condenada”, escribió una. Otras veces se ponían paranoicas y entraban en frenesí por los hombres que sospechaban que se habían infiltrado en el grupo exclusivo para mujeres, que fue como me expulsaron por error. No hablo hausa, así que utilicé servicios de traducción en línea y luego le pedí al reportero con el que trabajaba, Ismail Auwal —sí, un hombre—, que comprobara que las traducciones eran precisas. “Es crudo”, repetía. “¡Es muy crudo!”. Así definía Ismail lo explícito que era el contenido. Pero también era una buena descripción de lo que este grupo me ofrecía: vidas de mujeres, crudas y sin filtrar. Aquí puedes leer mi investigación, en español. LA RECETA
Los bomboloni son rosquillas o donas rellenas de crema que en Italia se comen a menudo con el café de la mañana o como tentempié por la tarde. Una vez fritos, se rebozan en azúcar y se rellenan con una sencilla crema pastelera. Con frecuencia, también tienen mermelada de frutas o crema de chocolate y avellanas. ¿DÓNDE ESTÁ ESTO?Esta foto apareció en un reportaje del Times… |