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“A nadie le importa esto ya”. A Timothée Chalamet le bastaron seis palabras para hundir su carrera al Oscar. “No quiero trabajar en ballet ni en la ópera ni en cosas que digan: ‘Oye, mantén esto vivo, aunque ya a nadie le importe”, dijo hace una semanas. La desafortunada afirmación desató una tormenta mediática de la que todavía no se ha recuperado. Es probable que al actor, hijo de padre francés, no le suene el nombre de un compatriota suyo. Con 23 años, el bailarín Guillaume Diop, protagonista de este Especial Estilo Hombre, se convirtió en la estrella del Ballet de la Ópera de París. Hijo de inmigrante senegalés, negro e insultantemente joven, el bailarín está poniendo patas arriba una de las instituciones culturales más elitistas del mundo. Aunque Chalamet no lo crea, la danza sigue importando. Como explica Rafa Rodríguez en este número, en una era que cuestiona la testosterona de gimnasio y la rigidez del traje, el bailarín emerge como tercera vía: una anatomía que es pura potencia, pero se permite la fragilidad del gesto.
MARTÍN BIANCHI
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