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Pensaba anoche que el fútbol es lo de menos en un Mundial. Y me explico. Uno puede entretenerse incluso sin pretenderlo durante un torneo así. Basta con darse una vuelta por los periódicos, los grupos de WhatsApp, los programas de radio, de televisión o incluso con ojear no sin cierta prudencia las inagotables redes sociales.
Solo así he podido saber, por ejemplo, que el Portugal-Uzbekistán de ayer, el encuentro en el que Cristiano Ronaldo se convirtió en el primer jugador de la historia en marcar en seis ediciones de la Copa del Mundo, fue a su vez el primer partido en el que se enfrentaban dos países cuyas capitales, Lisboa y Taskent, cambiaron profundamente tras los devastadores efectos de un terremoto.
Solo así pude saber, por sumar más ejemplos, que el Uruguay-Cabo Verde del lunes fue el choque con menor población de todo el Mundial: 3.913.347 habitantes entre ambos países, poco más de la mitad que la Comunidad de Madrid. Y solo así pude enterarme, con esto acabo, de que un hechicero ghanés había asegurado antes del cruce de su selección con Inglaterra que iba a emplear todos sus "poderes espirituales" para que Harry Kane no viera puerta, algo que, dicho sea de paso, se cumplió pocas horas después.
Me topaba después de reparar en todas estas cosas, magia negra incluida, con un titular de la prensa extranjera: "Gianni Infantino confirma que Donald Trump estará en la final del Mundial y le entregará el trofeo al equipo campeón". Y no se podrá decir que el presidente de la FIFA no es coherente con sus actos. Ya el pasado verano sucedió tal cosa cuando los jugadores del Chelsea conquistaron en suelo estadounidense el novedoso Mundial de clubes. E Infantino, no olvidemos, ya le concedió a Trump el hasta ahora primer y último 'Premio de la Paz de la FIFA'.
De nada sirvió la denuncia pública de la Federación Noruega de Fútbol (NFF), que señaló a pocos meses de la celebración del Mundial una "violación de la neutralidad política" por parte de la FIFA, algo que el propio organismo presidido por Infantino prohíbe en sus estatutos.
También me refiero a estas cosas cuando digo que el fútbol es lo de menos en un Mundial. Podrán marcar goles estos días Messi, Cristiano, Mbappé, Haaland o incluso el tercer portero de Curazao. Nosotros lo disfrutaremos, ojo, porque así de absurdas e imperfectas son nuestras conciencias. Pero convendría al menos no dejar que el árbol, por bonito y frondoso que sea, nos impida ver el resto del bosque.
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