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Queridos lectores y lectoras de Planeta Futuro,
Hemos dedicado varias newsletters a Gaza desde 2023. Era indispensable cuando las cámaras del mundo miraban a esta miserable franja de tierra, castigada por las bombas y el hambre, y es igual de importante o más ahora, cuando ya no ponemos el foco en ella. Porque no hablar de Gaza y de sus dos millones de habitantes no quiere decir que no estén sucediendo cosas horribles cada día. Aunque muchas veces reconforte pensar que ya está, que la guerra acabó y que pasamos a otra cosa.
Esta mañana, cuando ya me disponía a escribir esta newsletter, he recibido un mensaje de WhatsApp de Ahmed Abu Kmail. Es un camarógrafo gazatí que ha grabado varios vídeos para Planeta Futuro sobre el hambre, el desplazamiento, los heridos, la educación o el miedo. Me mandaba unos girasoles que han florecido al lado de su ajada tienda de campaña, en el centro de la Franja. “Los girasoles son como una nueva esperanza que amanece”, escribía. ¿Qué se puede responder a ese mensaje? Los gazatíes también necesitan escuchar y creer que todo va a ir mejor, aunque cuando miran a su alrededor se dan cuenta de que están cercados por la muerte, la destrucción y la falta de perspectivas.
Lo contaba esta semana nuestro colaborador Mohamed Solaimane en un reportaje realizado cerca de la llamada línea amarilla, una frontera invisible que los palestinos de la Franja no pueden cruzar porque al otro lado están las tropas israelíes y les van a disparar. En este momento, los gazatíes deben vivir en menos de la mitad de este territorio, ya de por sí minúsculo, ya que el resto está ocupado por Israel. Mohamed se la jugó yendo a visitar a familias que viven muy cerca de esa línea invisible, la mayoría en sus hogares semidestruidos, porque no tienen otra opción en un enclave destruido y abarrotado de tiendas de campaña. Leer su reportaje es viajar a una casa en ruinas llena de gente y rodeada de tanques, miedo cotidiano y miseria, donde es difícil imaginar un futuro para los niños que malviven en ella. Y es también una especie de acto de rebeldía como lectores, en medio de una actualidad casi tiránica, donde a dramas como Gaza, apenas se les deja espacio.
También hay cosas importantes pasando muy cerca de las que no somos conscientes o hablamos poco. La semana pasada estuve en Zaragoza con varias personas que llevan décadas dedicando tiempo, ilusión y dinero a construir un mundo más justo. Dicho así, suena bastante cursi, pero Concha, Manolo, Cruz, Isabel, Luis, Estrelicia o Javier transmiten ese compromiso genuino en pocos minutos de conversación. Ahora lo están pasando mal, realmente muy mal, porque el nuevo gobierno PP-Vox ha reducido brutalmente los fondos de ayuda al desarrollo y sienten que la financiación que los proyectos de sus ONG llevan adelante en Senegal, Ecuador, El Salvador y otros países tiene los días contados. Todos lamentaban que en Aragón y en otras regiones se esté impulsando esa idea de que la cooperación al desarrollo es una amenaza y no una solución. Que son ellos, los pobres, los migrantes, los refugiados, o nosotros, los españoles. Triste y preocupante, ¿no?
No me alargo más, pero dejo abajo varios reportajes y entrevistas publicados esta semana que valen mucho la pena. Van desde Irán hasta Botsuana, pasando por los campamentos saharauis o Chad.
Y antes de terminar, os quería recomendar mucho el libro Bordados, de la iraní Marjane Satrapi, que ha muerto recientemente. Es el retrato, en forma de cómic, de un grupo de mujeres iraníes fascinantes que se cuentan la vida entre té, samovar y pastas.
Hasta pronto y gracias por leernos
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