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FRancisco Doménech
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¡Saludos! Soy Francisco Doménech y este es el boletín de Materia, la sección de ciencia de EL PAÍS, que regresa después de las vacaciones que algunos nos hemos tomado tras concluir la cobertura del eclipse total de sol. Tras ese muy necesario descanso, al regresar a la actividad diaria me ha puesto especialmente las pilas encontrarme a mis compañeras dando la batalla contra la discriminación médica de las mujeres.
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"Locas. Exageradas. Dramáticas. Trastornadas. HISTÉRICAS". Muchas lo recordaréis, así comenzaba Jessica Mouzo su imprescindible especial Así discrimina la medicina a las mujeres, que publicamos el pasado mes de julio, y que recorre siglos de invisibilización y ninguneo de la salud femenina. Ahora, Jessica sigue tirando de uno de los múltiples hilos de esa historia: Por qué las mujeres tienen más dolor: la ciencia empieza a destapar la “inexplorada caja negra” de este síntoma. Esta noticia revela una revisión de estudios en la revista Science demanda respuestas para descartar el enfoque habitual de "todo está en tu cabeza":
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No están todas las piezas del rompecabezas, admite Holly Ingraham, investigadora de la Universidad de California y autora de la revisión. Pero la ciencia ha avanzado y ya se ha superado “la suposición de que las hormonas sexuales por sí solas explican las diferencias de sexo en el dolor”, cuenta. El dolor es multifactorial y en él influyen elementos ambientales y endógenos que actúan a través de diversas vías moleculares. “Ahora sabemos que los mecanismos hormonales, genéticos, inmunitarios, neuronales y otros mecanismos biológicos pueden contribuir, y que interactúan de forma compleja”, abunda la experta.
Para empezar, la ciencia ha constatado que las fluctuaciones hormonales impactan en la sensibilidad al dolor. Pasa, por ejemplo, en la endometriosis, que afecta al 11% de las mujeres en edad reproductiva: en esta enfermedad, recuerdan las autoras, se observa que el dolor pélvico a menudo se intensifica durante la menstruación y, en algunas pacientes, también en la ovulación. En el síndrome de intestino irritable también se ven cambios en la sensibilidad al dolor relacionados con el ciclo menstrual.
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Y hablando de hormonas, mi compañera Patricia Fernández de Lis continúa con su cobertura de la crisis de medicamentos para la menopausia en España, que inició la semana pasada. Entonces, nos detalló cómo cientos de miles de mujeres se han quedado sin alternativas para su terapia hormonal. Ahora, Patricia nos trae las últimas novedades de este asunto:
Y para comprender las causas de este desabastecimiento y las posibles soluciones, nos ofrece este análisis:
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También me ha emocionado ver cómo mi compañero Nuño Domínguez, que se dejó la piel en nuestra otra macrocobertura del año, la de Artemis 2, ha tenido el privilegio de poder entrevistar a dos de los astronautas que participaron en esa histórica misión espacial:
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Pregunta. Al volver a la Tierra, se pasó dos semanas sin mirar ninguna imagen de la misión porque quería atesorar sus recuerdos y escribirlos. ¿Puede compartir alguno del que no haya hablado aún?
Respuesta. Es difícil, todas las anécdotas graciosas ya las he contado. Pero sí, tengo una cosa. Hace poco releí mis diarios y descubrí que escribí mucho sobre lo que sentía en el momento; muchas veces procesaba lo que yo consideraba errores. Me cuestionaba si había tomado la decisión correcta en pequeñas interacciones con la tripulación, con el equipo en tierra o sobre nuestra eficiencia en un momento dado.
Algo que he compartido con las futuras tripulaciones es que, por mucho que nos entrenemos para hacer las cosas de una manera ultraespecífica, siempre hay momentos en la misión en los que te desvías del manual. El entorno espacial te saca por completo de lo ensayado, hasta el punto de que terminas reinventando cosas sobre la marcha. Aprendí que cuando los humanos se enfrentan a un entorno nuevo y estresante, todo depende de los hábitos que han entrenado al milímetro para poder salir adelante.
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P. Tras su vuelta decía que no encontraba las palabras para describir lo que vivió. ¿Ya lo ha conseguido?
R. Aún siento que las palabras se quedan cortas. ¿Sabes esos vídeos de chimenea en YouTube, que no tienen nada que ver con sentarte al lado de un fuego de verdad? Esto es lo mismo multiplicado muchas veces. Pasamos nueve días y dos horas viviendo en la nave Orion. Fue alucinante. Cuando se encendieron los motores el 1 de abril, seis segundos antes de despegar, todos seguíamos pensando que no saldríamos y que era una pena que hubiesen tenido que encender los motores para nada. Así que cuando vimos que sí nos íbamos, nadie estaba más sorprendido que nosotros.
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Así arrancan ambas entrevistas, que no tienen desperdicio. Si no las habéis leído aún, hacedlo. No se me ocurre una mejor manera de arrancar este fin de semana, sobre todo si os interesa la carrera espacial y os han dejado mal sabor de boca las noticias que hemos publicado estos días sobre los avances de los tecnobillonarios en ese terreno.
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