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Buenos días,
Ponemos fin a una semana que quedará para los libros de historia. Los jóvenes, que ven que no tendrán una casa por mucho que se maten a trabajar, decidieron que ya estaba bien y se plantaron. La acampada en la madrileña Puerta del Sol y en otras capitales de España desencadenó todo un terremoto político y puso el foco en la vivienda y, por ende, en el modelo de ciudad que queremos.
Las urbes parecen convertirse en una mercancía más, como casi todo lo que nos rodea. Los movimientos sociales denuncian que los ciudadanos están siendo expulsados del corazón de sus ciudades, sometidos a alquileres y precios de compra abusivos (el fenómeno es global). Las urbes, como escribe nuestro compañero Sergio C. Fanjul, que firma nuestro tema de portada, se están convirtiendo en una mezcla de parque temático, centro comercial y resort turístico.
En momentos como este, cobra todo el sentido recuperar la idea del derecho a la ciudad, acuñada por el sociólogo francés Henri Lefevbre a finales de los años sesenta del siglo XX. La ciudad es algo más que un montón de asfalto, acera y cristal. La ciudad es la gente que vive en ella.
Además, os ofrecemos una entrevista (solo en la web) con la economista italoestadounidense Mariana Mazzucato y un artículo del premio Nobel de Economía Daron Acemoglu sobre los peligros de la desenfrenada carrera de la inteligencia artificial.
Vamos.
Por Joseba Elola
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La ciudad, para los ciudadanos
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Ilustración: Guillem Arderius Guiteras
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La ciudad es una forma de vida, como decía Lefebvre, no se limita a ser una colección de calles y edificios. En el artículo de Fanjul, la arquitecta y urbanista brasileña Raquel Rolnik, que fue relatora especial de la ONU para el Derecho a la Vivienda Adecuada, explica lo que es el derecho a la ciudad que reivindicaba el sociólogo y urbanista francés:
“El derecho a la ciudad no puede ser comprendido en el marco de los derechos individuales, sino como un derecho colectivo, democrático. Un principio básico de la democracia es la igualdad de las personas en la dimensión pública. Así, el derecho a la ciudad es el derecho a disfrutar de la dimensión pública de la ciudad, de sus oportunidades, de sus equipamientos, de poder circular ampliamente. El derecho a participar en las decisiones sobre el destino de la urbe”.
Al derecho a vivir dignamente en la ciudad en la que cada uno de nosotros estamos es a lo que dedicamos la portada esta semana.
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“La vivienda es un derecho humano y la base de todo lo demás”
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Ilustración: Kalpesh Lathigra
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Mariana Mazzucato es una voz de referencia en el campo de la economía. Asesora a gobiernos progresistas y sus libros generan olas. El anterior, en que puso al desnudo a las consultoras, dio que hablar. Su nueva entrega Bien común. Una nueva economía que funcione para todos, editado por Taurus, es una nueva contribución al debate de cómo hacer con este sistema económico que a tantas personas deja en la lona, véase Maricarmen, todo un símbolo del ciudadano atropellado por las dinámicas del mercado. En su nuevo libro, Mazzucato plantea que el sector público no debe limitarse a corregir desequilibrios. Hace falta un modelo, sostiene, que permita a gobiernos y empresas establecer relaciones económicas con propósito.
En la entrevista que nos concedió en Londres, en su casa del barrio de Camden, tras regresar de un viaje a Latinoamérica, y bajo los efectos del jet lag, le dijo a nuestro corresponsal Rafa de Miguel:
“La vivienda debería ser un bien común, pero debemos ir más allá del objetivo de que sea ‘asequible’. Es un derecho humano y la base de todo lo demás. Hoy el sistema favorece primero a los fondos de inversión y a los constructores. Un enfoque de 'bien común' pondría en primer plano a las personas, al planeta y al derecho de todos a permanecer en su vecindario”.
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