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Buenos días a todo el mundo. Está previsto que hoy se realicen en Ginebra las últimas conversaciones para evitar un conflicto en toda regla entre Estados Unidos e Irán, pero ambos países se están preparando para que las cosas empeoren. Dos grupos de portaaviones estadounidenses y decenas de cazas, bombarderos y aviones de reabastecimiento están concentrados a corta distancia de Irán; el presidente Donald Trump, según mis colegas en Washington, le está diciendo a sus asesores que está considerando opciones de cambio de régimen si el país no abandona su programa nuclear. Los funcionarios iraníes, por su parte, parten del supuesto de que los ataques militares estadounidenses son “inevitables e inminentes”, según informan mis colegas, y están trabajando para garantizar que el sistema sobreviva a lo que pueda venir, aunque sus dirigentes no lo hagan. Ambas partes siguen afirmando que quieren evitar la guerra. Pero hoy escribo sobre por qué podrían acabar de cualquier manera. También:
Por qué es tan difícil que Irán renuncie a su programa nuclear¿Se entienden Estados Unidos e Irán? Recientemente, me sorprendió un informe de mi colega Erika Solomon, la jefa de nuestro buró para Irak e Irán, que sugiere que tal vez no sea ese el caso. Los funcionarios estadounidenses, escribe, se han sentido “desconcertados” por la negativa de Irán a ceder a las exigencias sobre su programa nuclear, incluso ante una guerra con un país más poderoso que podría acabar con el derrocamiento —o incluso la muerte— de los dirigentes de la república islámica. El gobierno de Trump considera que Teherán está debilitado hasta el punto de que debería estar dispuesto a aceptar las exigencias estadounidenses. En parte no se equivocan: es verdad que, en el último año, el país se ha visto sacudido por una sucesión de crisis nacionales e internacionales, que han dejado a Irán en su posición más débil en décadas. Pero cualquier plan estadounidense para llevar a Irán a la mesa de negociaciones también debe tener en cuenta la magnitud del compromiso de la república islámica con su programa nuclear, especialmente ante su propia debilidad. La mayoría de los analistas con los que habló Erika dijeron que creen que el gobierno actual considera que rendirse ante las exigencias estadounidenses es más arriesgado que ir a la guerra, y que ceder “animaría a Estados Unidos a lanzarse a la yugular”, como dijo uno de ellos. En cuanto al programa nuclear, le dijo otro analista, el líder supremo de Irán, el ayatolá Jamení, considera el enriquecimiento de uranio “un pilar del propio régimen”. Por eso, quienes estudian la región consideran cada vez más que un nuevo conflicto es “casi inevitable”, escribe Erika. Eso se debe en parte a “una peligrosa disparidad en las percepciones entre Irán y Estados Unidos”.
Las armas nucleares y la identidad nacional Vale la pena recordar un artículo del verano pasado escrito por mi colega Mark Landler, quien cubrió las negociaciones nucleares entre Estados Unidos e Irán durante el gobierno de Barack Obama. El artículo, escrito poco después de que Trump lanzara ataques contra tres instalaciones nucleares iraníes, trataba de por qué era improbable que el gobierno renunciara a sus sueños nucleares a pesar de la ofensiva. El programa nuclear iraní, escribió Mark, se ha entrelazado con el sentido de seguridad e identidad nacional del país. Desde que se inició el programa nuclear civil bajo el sah, los dirigentes iraníes “lo han considerado un orgulloso símbolo del liderazgo del país en el mundo musulmán, un reflejo de su compromiso con la investigación científica y una garantía de protección en su peligroso vecindario”, escribió Mark. Este compromiso no ha hecho sino aumentar bajo la República Islámica de Irán: a mediados de la década de 2000, escribió Mark, el programa nuclear “se convirtió en casi una obsesión”: durante las protestas diarias organizadas por el Estado, los bailarines sostenían frascos que se decía contenían alguna forma de uranio para celebrar el derecho de Irán a enriquecer. Pero incluso algunos iraníes indignados con el gobierno actual, o a quienes no les importan cuestiones como la “disuasión estratégica”, siguen considerando el programa nuclear una fuente de orgullo nacional, escribió Mark. Ese orgullo dificultaría que cualquier gobierno renunciara definitivamente a él, aunque Estados Unidos consiguiera derrocar a Jamení. La estrategia de supervivencia de Irán Por ahora, la República Islámica está enfocada en una estrategia de supervivencia. Mi colega Farnaz Fassihi, que desde hace tres décadas cubre Irán, ha realizado una labor periodística extraordinaria y habló con media decena de altos funcionarios iraníes, personas que conocen de cerca el funcionamiento interno de la república islámica. Le dijeron que Irán estaba situando lanzadores de misiles balísticos a lo largo de su frontera occidental —lo suficientemente cerca como para golpear a Israel— y a lo largo de sus costas meridionales en el golfo Pérsico, dentro del rango de las bases militares estadounidenses. Jamení ha delegado responsabilidades en un estrecho círculo de confidentes por si se interrumpen las comunicaciones con él o lo matan. El pasado mes de junio, mientras estuvo escondido durante 12 días de guerra con Israel, nombró a tres candidatos que podrían sucederle. Ha designado a un excomandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria para dirigir el país, y este ha recibido instrucciones para garantizar que el sistema sobreviva a cualquier intento de asesinato de sus máximos dirigentes. Jamení “espera ser un mártir”, le dijo un experto a Farnaz. “Está distribuyendo el poder y preparando al Estado para el próximo gran acontecimiento, tanto la sucesión como la guerra, consciente de que la sucesión puede llegar como consecuencia de la guerra”.
‘Me estoy volviendo loca’ Todavía existe una salida potencial. Mis colegas informan que una propuesta que se está considerando es un programa de enriquecimiento nuclear muy limitado que Irán podría llevar a cabo únicamente con fines de investigación y tratamientos médicos. Pero no se sabe con certeza si alguna de las partes estaría de acuerdo. El gobierno de Trump parece apostar a que, ante la perspectiva de una acción estadounidense seria, el gobierno de Irán encontrará la forma de renunciar a sus sueños nucleares. Los analistas con los que han hablado mis colegas creen que eso es poco probable. Pronto sabremos quién tiene razón. Mientras tanto, quiero recomendar un artículo más: sobre cómo el pueblo de Irán está afrontando el estrés de esperar a saber si pronto serán atacados. Es un recordatorio de que lo que está en juego aquí va más allá de la política. “Me estoy volviendo loca”, dijo una mujer llamada Sara, química que vive en Teherán. “Deseo que ocurra lo que tenga que ocurrir para que podamos salir de este limbo”. OTRAS NOTICIAS DESTACADAS
Los últimos días de Maduro en el poderEl expresidente Nicolás Maduro sobreestimó la fortaleza de su posición y leyó mal sus intercambios con el gobierno de Trump en las semanas previas a su captura por las fuerzas estadounidenses, según las entrevistas con una decena de altos funcionarios venezolanos. Pocos días antes de que un equipo de comandos de élite estadounidenses desplegara una incursión en Caracas, Maduro se mostró sorprendentemente relajado, y celebró la el fin de año en su casa con familiares y amigos. Afirmó en repetidas ocasiones que el gobierno de Trump no se atrevería a lanzar un ataque, según personas cercanas a él. Aquí puedes leer en español cómo se desarrollaron las últimas semanas de su presidencia. QUÉ MÁS ESTÁ PASANDO
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DEPORTESFútbol: Mientras el Real Madrid recibía al Benfica en su segundo partido de las eliminatorias de la Champions League, José Mourinho volvió a enfrentarse a su antiguo club en medio de la polémica. Boxeo: Tres de los mayores promotores deportivos del mundo están inmersos en una batalla legal que podría alcanzar los mil millones de dólares y determinar el futuro del deporte. LA PALABRA DEL DÍA“Lowkenuinely”— Una palabra de argot formada por dos adverbios que los jóvenes tiktokers han juntado. “Significa discreta (low-key) y genuinamente (genuinely) a la vez”, explicó una estudiante, quien hace poco le dijo a una amiga que en el 7-Eleven no quedaba “lowkenuinely” el tipo de té helado que le había pedido. LA LECTURA MATUTINA
La zona de West Yorkshire, en el norte de Inglaterra, donde Emily Brontë escribió Cumbres borrascosas, sigue siendo un lugar de asombrosa belleza natural. Los turistas acuden en masa a Haworth, el pueblo donde crecieron los hermanos Brontë. Sin embargo, la región en general sufre un estancamiento económico. A mediados del siglo XIX, Haworth bullía de actividad y la cercana Bradford, con sus fábricas textiles, era un símbolo de destreza industrial. Pero la Bradford actual, donde los votantes acuden hoy a las urnas para unas elecciones especiales, tiene el doble de trabajadores desempleados que el promedio nacional. Su declive ilustra la pobreza y la desigualdad económica regionales que están transformando las políticas en el Reino Unido. Aquí hay más información, en español. ALREDEDOR DEL MUNDO
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