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El endocrinólogo Emilio Ortega, uno de los expertos consultados para esta noticia, nos recuerda que no está recomendado tomar un suplemento de ese tipo a no ser que un paciente "tenga un déficit de ciertas vitaminas o una enfermedad crónica que lo requiera". Y Pilar Guallar, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, va más allá: “Mi consejo personal es que la gente deje de consumir multivitaminas, ya sea en pastillas o en gominolas. Que consuma una dieta saludable, variada y rica en frutas y verduras (principal fuente natural de vitaminas y minerales), y no gaste su dinero en suplementos nutricionales. Hay enormes intereses comerciales en su consumo y falta de evidencias clínicas”.
Y es que esas empresas que prometen soluciones tan sencillas y "basadas en la ciencia" para aumentar la longevidad, se olvidan de contarles a sus clientes que esa es una carrera científica muy de fondo, en la que aún ni se vislumbra la meta. Jessica ya nos había explicado anteriormente en un reportaje cómo la comunidad científica está volcada en intentar frenar el envejecimiento, y cómo los avances en ese campo están siendo mucho más lentos de lo que nos gustaría. Y es que, como hemos sabido también esta semana, los expertos todavía no están de acuerdo exactamente en qué es el envejecimiento, ni cuándo empieza, ni en si es o no una enfermedad.
Recientemente, también hemos tratado los casos de otros suplementos dietéticos que se han viralizado en redes sociales:
Y volviendo al lento avance del conocimiento científico sobre el envejecimiento, esta semana hemos conocido una investigación que parece abrir una nueva vía, explorando en ratones la conexión intestino-cerebro; esa misma que a los humanos nos lleva "a sentir mariposas en el estómago, a hacer de tripas corazón y a cagarse de miedo", como dice mi compañero Nuño Domínguez en su noticia Un microbioma intestinal envejecido empeora la memoria. Lo más importante de ese estudio, que acaba de publicar la revista Nature, es que invita a comprobar si también en humanos los cambios en las poblaciones de microbios del intestino afectan a la memoria; y de ser así, si intervenir en esa microbiota podría ayudar a frenar enfermedades neurodegenerativas asociadas al envejecimiento.
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