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Queridas lectoras, queridos lectores:
Dicen que en política, las casualidades no existen. Los allegados de Donald Trump aseguran que sigue una serie de rituales rigurosos cada vez que aborda el Air Force One. En otras ocasiones, se le ha visto públicamente echándose sal por encima del hombro para ahuyentar los malos espíritus. Y tiene, además, una predilección inexplicable por cerrar todas sus campañas en Grand Rapids, una pequeña ciudad de unos 200.000 habitantes en Michigan. Así lo hizo en 2016, 2020 y 2024. Fiel a su estilo, él mismo ha admitido que es “un poco supersticioso”.
Tras aterrizar el miércoles en Pekín, quedó claro que el presidente de Estados Unidos quería, una vez más, que la suerte le sonriera. Por eso, bajó del avión presidencial exactamente a las ocho con ocho minutos de la tarde. Es un detalle que a mí se me había escapado, pero a mi compañero Guillermo Abril, nuestro corresponsal en la capital china, no.
“Eso indica que quiere que las cosas empiecen con buen pie: el número 8 es el de la buena suerte en China”, me explica en un mensaje de WhatsApp. Guillermo comenta que en el gigante asiático esto es algo más que una simple superstición y llega a alcanzar niveles “realmente obsesivos”. “Hasta el punto de que los Juegos Olímpicos de Pekín se inauguraron a las ocho con ocho minutos de la tarde del 8 de agosto (el mes ocho), de… 2008”.
Es la primera vez que un presidente estadounidense visita el país asiático en casi una década. El último había sido el propio Trump en 2017. Por eso, le he pedido a Guillermo que nos contara un poco más sobre cómo se ven las cosas desde allá. Y la verdad, me ha hablado de cosas interesantísimas: desde imágenes que se quedan grabadas como ver ondear la bandera estadounidense en la plaza de Tiananmen, a unos pasos de la Ciudad Prohibida, hasta las pequeñas postales que ha dejado la visita.
Hace unos días se encontró, por ejemplo, con un grupo de señores que practicaban con un látigo, una especie de deporte que es popular entre los jubilados que quieren mantenerse en forma, que ponían a caldo al republicano por “abusar de los países pequeños” y sus “crímenes contra la humanidad”. “No estaban para nada contentos de que viniera Trump. Decían que no le daban la bienvenida”, escribe Guillermo.
Sus mensajes me llevan a recordar aquella ceremonia de inauguración en los Juegos Olímpicos de Pekín, en la que unos 15.000 artistas se movían como uno solo, asombrando al mundo y demostrando el inmenso poderío del país más poblado del planeta. Casi dos décadas después, es otra la puesta en escena. “Habrá que estar atentos a toda la coreografía para, más allá de lo que se hable y se diga, poder medir el subtexto, y calibrar el balance de fuerzas entre los dos colosos”, afirma Guillermo antes de seguir con su cobertura. “De eso va en el fondo esta cumbre: dejará ver hasta qué punto el mundo está inmerso en un proceso de cambio”.
Trump se irá de China el viernes. Mientras tanto, les comparto las crónicas que Guillermo ha escrito desde el lugar de la noticia para que ustedes saquen sus propias conclusiones:
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