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Este sábado se celebrará la primera final de Eurovisión sin España desde su debut en 1961. RTVE decidió retirarse del festival ante la participación de Israel. La misma decisión la tomaron las televisiones de Irlanda, Eslovenia, Islandia y Países Bajos. La ausencia de España es la que tiene más peso porque es uno de los miembros del llamado Big Five, los cinco países con mayor contribución económica a la Unión Europea de Radiodifusión.
En contra del deseo de la organización del festival de que sea un evento apolítico, las de los últimos años están siendo las ediciones en las que la geopolítica y la política a secas está jugando un papel más relevante. “La Eurovisión de la vergüenza”, como se la apoda en algunos lugares, lo demuestra de diferentes formas. El martes se celebró su primera semifinal, hoy jueves tiene lugar la segunda y el sábado, la final en Viena (Austria). Su interés en España ha caído en picado al no haber representante propio (y porque muchas personas han decidido seguir el ejemplo de RTVE y no verlo tampoco). Pero como este evento televisivo sigue adelante, repasemos algunas de las claves de este año.
¿Quiénes participan y quiénes no?
En primer lugar, recordemos que en Eurovisión no son los países lo que mandan a sus representantes, sino las televisiones públicas. En esta edición concursan 35 países, la cifra más baja desde 2004 (el año pasado fueron 37 en total). Son cinco los que no participan como protesta por la presencia de Israel en el festival: las televisiones de Irlanda (RTÉ), Eslovenia (RTVSLO), Islandia (RÚV), Países Bajos (AVROTROS) y España (RTVE). En su renuncia, RTVE explicó que “la situación humanitaria de Gaza y la utilización del certamen para objetivos políticos por parte de Israel hacen difícil mantener Eurovisión como un evento cultural neutral”.
Sí participan Moldavia, Suecia, Croacia, Grecia, Portugal, Georgia, Finlandia, Montenegro, Estonia, Israel, Bélgica, Lituania, San Marino, Polonia, Serbia, Bulgaria, Azerbaiyán, Rumanía, Luxemburgo, República Checa, Armenia, Suiza, Chipre, Letonia, Dinamarca, Australia, Ucrania, Albania, Malta, Noruega, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Suiza. De ellos, en la primera semifinal cayeron eliminados Portugal, San Marino, Georgia, Montenegro y Estonia. Por su parte, Bulgaria, Rumanía y Moldavia han vuelto este año tras llevar ausentes, respectivamente, desde 2022, 2023 y en 2025 en el caso de Moldavia. Por eso, aunque se han ido cinco países, al incorporarse tres, solo hay dos de diferencia con el año pasado: este año han concursado 35 países y el año pasado, 37.
¿Por qué Israel sigue participando?
Es difícil explicarlo. Rusia, que sigue bombardeando Ucrania, lleva desde 2022 sin participar en el concurso. ¿Por qué Israel sí permanece en el festival? No han quedado muy claros los motivos, aunque se suele esgrimir que el nivel de politización de las televisiones públicas de los dos países son diferentes. Por cierto, el principal patrocinador de Eurovisión hasta este año, Moroccanoil, es de origen israelí.
Ocho países habían solicitado a la UER una votación específica sobre la permanencia de Israel en el certamen, pero la petición fue denegada y no se llegó a votar la propuesta española de suspender al menos un año a la televisión israelí, KAN. El pasado fin de semana se supo que el director ejecutivo del certamen, Martin Green, había enviado un aviso a Israel pocos días antes de empezar la competición porque estaban difundiendo en redes sociales vídeos promocionales en los que el representante israelí, Noam Bettan, pedía explícitamente el voto para su país en múltiples idiomas, entre ellos el español. El cantante pedía que los 10 votos por dispositivo que permite el reglamento del concurso vayan en exclusiva a su canción. Sin embargo, según las normas, están prohibidas estas campañas publicitarias y que los cantantes participen en ellas.
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