|
El encuentro entre las dos grandes potencias debe dirimir, como nos cuenta Guillermo Abril, un buen puñado de disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas. Es el primer viaje de un mandatario de EE UU a Pekín desde 2017 y el mundo ha cambiado mucho. Pero Xi Jinping dejó claro que hay una línea roja que EE UU no debe traspasar: el estatus de Taiwán, antigua Formosa, que China considera parte de su territorio.
- Pekín tiene como objetivo acabar con el autogobierno de la isla, que cuenta con ayuda militar de EE UU y además de ha convertido en una potencia tecnológica. Xi Jinping fue claro: "Si (este asunto) se maneja mal, ambos países podrían entrar en fricción e incluso en conflicto, llevando el conjunto de las relaciones chino-estadounidenses a una situación extremadamente peligrosa”, advirtió. Trump se limitó a decir que "vamos a tener un futuro fantástico juntos".
El presidente norteamericano acudió con lo más granado del capitalismo estadounidense: Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia; Elon Musk, de Tesla y SpaceX; Tim Cook, de Apple; Larry Fink, de BlackRock; Stephen Schwarzman, de Blackstone; David Solomon, de Goldman Sachs; Jane Fraser, de Citi; Kelly Ortberg, de Boeing y así una larga lista. Mirad la foto, todos con la mano en el pecho.
En la agenda de Donald Trump el principal objetivo es lograr que China ayude a acabar con el conflicto del Golfo presionando a Irán para que ceda. Washington dijo que había acuerdo sobre esta crisis, pero Pekín guardó un inquietante silencio. Irán, mientras tanto, juega sus cartas: abrió parcialmente el estrecho de Ormuz para dejar pasar buques "amigos" con destino a Asia.
|